Tus hijos no son tus amigos: Cómo manejar la relación con tu adolescente

Ago 22, 2016
relación en la adolescencia

Hay madres que se enorgullecen de ser “la mejor amiga” de su hija. Pero hay algo en esa afirmación que no está del todo bien. Tu hija necesita una mamá, no una amiga. El crecimiento emocional y el fortalecimiento de la personalidad, al igual que la amistad, se da entre pares, es decir, entre niños de su misma edad. Esa socialización que hacen en el colegio y en su entorno.

Cuando están más pequeños adoramos el vínculo que se afianza entre nosotras y nuestros hijos, pero debemos saber que ese lazo es natural y se fundamenta en la dependencia de criaturas que necesitan cuidado y amor. El asunto está en el desarrollo de un nexo emocional que debe estar preparado para la independencia que inevitablemente, reclamarán llegada la temida adolescencia.

En realidad, ser amiga de tu hijo solo hace la vida más difícil para ambos. Nuestro trabajo como madres es preparar a nuestros hijos para la vida, hacer que sean las mejores personas posibles. Para poder hablar con nuestros hijos sobre temas reales, con la intención de enseñarles habilidades para la vida, debemos ser madres, no amigas.  De esta forma, tendremos la certeza de que cuando estén por su cuenta, serán más capaces de hacer lo correcto sin nuestra supervisión, tomando las decisiones más inteligentes y más seguras. Ser la BFF de tu hija no te da esa posibilidad; ser madre, sí.

Si no sabes cómo hacer esto, sigue leyendo para que conozcas aspectos importantes y útiles en el manejo de la relación con tus hijos… Sin tratar de ser su mejor amiga.

  1. PAPEL DE LOS PADRES

    La función parental es cuidar, proteger, guiar y enseñar. Esto se logra a través de los valores inculcados desde la temprana infancia. Los padres deben modelar la buena toma de decisiones, el modelo de comportamiento, brindar seguridad, y proporcionar coherencia en la vida de un niño. En esta nada fácil labor, gran parte de esa enseñanza implica demostrar buen juicio y tomar decisiones inteligentes. Los niños necesitan aprender a tomar las decisiones correctas en la vida. Debes saber que el lugar donde esto ocurre y aprenden mejor (o peor) es en el hogar. La tentación de ser la madre “cool”, es peligrosa y puede conducir a serios problemas. Cuando nos comportamos como su “amiga” nos vemos obligadas a tomar actitudes adolescentes y eso no está bien. De este modo será más difícil que tu hijo se comporte de una manera responsable, respetuosa y cooperativa.

  2. No lo conviertas en tu confidente

    Un aspecto de la relación madre-hijo que es una receta para el desastre es el papel de “amigo – confidente”, tu hijo no debe ser tu confidente. La lista de por qué no debes ponerte en esta situación, ¡es interminable! Para empezar, tu papel como madre es proporcionar consuelo a tus hijos, no al revés. Se supone que las madres deben ser vistas por sus hijos como pilares fuertes, no como personas que necesitan asistencia emocional. Guíate por una sencilla regla, discute asuntos de adultos con otro adulto de la misma edad. Cuando acudes a tus hijos para buscar consuelo o palabras de sabiduría, empezarán a ver en ti fragilidad, y peor aún, sentirán la necesidad de asumir las riendas. Pero ese no es su trabajo, esto puede ser potencialmente nocivo para su desarrollo emocional, ya que son demasiado jóvenes para manejar ese tipo de responsabilidades.

  3. Tu hijo no es tu igual

    Es importante recordar que los padres y los niños no son iguales. Esto debes dejarlo claro desde que son capaces de comunicarse. Los niños, por naturaleza, necesitan una gratificación instantánea y reaccionan con emoción cuando sus necesidades no se satisfacen al instante. Por ello, cuando le exiges que hagan sus deberes antes de salir con amigos o jugar en su consola, te conviertes en la enemiga. Sin embargo, si un niño no oye “no” en casa y las expectativas de comportamiento no son claras, tendrá problemas cuando deba acatar normas en lugares como la escuela, otras casas, en la sociedad, o más adelante, en el trabajo. Si te empeñas en verte como la mamá “cool” en lugar de la persona que pone las normas y las hace cumplir, no le estarás haciendo ningún favor a tus hijos. De hecho, te colocas en una posición muy incómoda, dando mensajes contradictorios y por consiguiente, será frustrante cuando te veas obligada a hacer cumplir una regla y no te respeten. Esto no quiere decir que debas convertir tu casa en un cuartel militar o que no puedas pasar un rato agradable y divertirte con tu niño o adolescente, pero los papeles nunca deben ser confundidos.

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